Pera Llimonera consigue el mejor sonido de la Mostra: las risas de los más pequeños, que tortazo tras  tortazo, no pueden parar de reír.

Tratad de imaginar una clase de una guardería con seis literas y seis bebés durmiendo. Ahora imaginaos que sois electricistas y tenéis que cambiar una bombilla en esta clase, con el riesgo que los pequeños se despierten y empiecen a llorar. Esto es lo que le pasa al protagonista de Plors de cocodril/Lágrimas de cocodrilo, un estreno absoluto en la muestra de teatro:  Mostra d’Igualada.

Si tenéis hijos o alguna vez os  habéis hecho  cargo de un niño pequeño, sabréis la impotencia que se puede llegar a sentir cuando están dormidos y de pronto se despiertan i empiezan a llorar. Si lo habéis vivido, reconoceréis que es un gran reto hacer que se tranquilicen y se vuelvan a dormir. Y si sois maestros i maestras en una guardería, seguramente ya estaréis acostumbrados  a esta situación y tal vez  sepáis como resolverla; pero un electricista no.

Este es el caso del protagonista de  Plors de cocodri/Lágrimas de cocodrilol, interpretada por Pere Romagosa. El electricista pretende cambiar una bombilla, cuando de repente uno de los niños rompe a llorar en la oscuridad, y a continuación otro y otro… Así empieza la odisea del operario que conllevará lágrimas, risas y muchas sorpresas.

Se trata de sorpresas que gustan al público: a los más pequeños les hace reír con sus aventuras; a los mayores les recuerda escenas similares. Porque esta obra tiene un punto de cuotidiano  que permite acercar al espectador a la historia e incluso, hacerle descubrir palabras como: ¿Mamá, ahora qué hace? Les pone polvos de talco porque se han hecho caca. ¿Polvos de qué?

 

Una historia con un protagonista torpe que dirige Andreu Martínez y que plasma Romagosa con una buena interpretación. Lo demuestra el hecho que la mayoría de los niños que ven el espectáculo mantienen la espalda unos metros alejada de la silla: están con el cuerpo inclinado hacia delante, pendientes de lo que pasará a continuación, con qué tropezará el electricista o cómo podrá parar los lloros de los bebés. Mientras tanto la compañía Pera Llimonera consigue el mejor sonido de la Mostra d’Igualada: las risas de los más pequeños, que tortazo tras  tortazo, no pueden parar de reír.

 

Clàudia Rius  – EL NÚVOL  –Mostra d’Igualada